Del caos a la armonía...
Llevo ya unos meses interiorizando, buscando la felicidad en mi interior.
Siempre fui una persona cegada por mi dolor. Mis miedos me hacían caminar con torpeza.
Apegada a todo el exterior, y sobre todo, apegada a mi sufrimiento.
Gran parte de mi energía iba destinada a mis pensamientos, éstos casi siempre hirientes y perniciosos. Ellos me guiaban. Ellos... y mi "mejor amiga", la ansiedad. Ésta me acompañaba allá donde iba. En muy pocas ocasiones me dejó sola.
Toqué fondo hace ya casi 5 meses. Me cansé de caminar, abatida, dolorida, harta de cargar con una mochila llena, rebosante de sufrimiento. Una mochila demasiado pesada, donde podías encontrar una muestra de cada uno de los miedos que existen en este mundo.
Toqué fondo y salí propulsada, cayendo con fuerza dentro, en mi interior...
(Gracias queridos maestros por enseñarme a meditar, gracias de todo corazón)
...y de la armonía a un mundo ahogado en miedos.
Fue a principios de verano cuando empecé a respirar. Cuando comencé a vivir.
Mi corazón entumecido empezó a sanarse, a crecer, a expandirse.
La respiración me calmaba la mente, y con mi mente en calma, era mucho más fácil ir levantando todos esos velos que me hacían caminar ciega. El velo de los celos, el velo del orgullo, el de la envidia..., así sucesivamente, me iba despojando de todas esas creencias absurdas, deshaciéndome de todos aquellos prejuicios que disfrazaban a mi verdadera naturaleza de oscuridad. Trascendí el odio, la inseguridad... y di paso al amor incondicional.
Medité y medité... Y quizás fueron esas ganas locas de sentirme más y más sana las que me hicieron caminar demasiado rápido. Al despojarme a tanta velocidad de esa cantidad de velos, la claridad me deslumbró.
Me topé con un mundo ahogado en miedos.
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